Hasta hace tan solo unos años, el sector inmobiliario en España se centraba exclusivamente en dar servicio a los vendedores de inmuebles. Esto se debe a una lógica aplastante: «Si tengo como cliente al vendedor, y me encarga vender su inmueble, solo tengo que hacer una buena gestión de venta (con todo lo que ello implica), y el comprador llegará solo». Cuando la gestión de venta es buena, sólo es cuestión de tiempo que aparezca un comprador.
Si los profesionales inmobiliarios se centran en su mayoría en dar servicio y asesoramiento al vendedor, en la mayoría de los casos, el comprador se encuentra en una situación totalmente desconocida y compleja.
«Quiero comprar una vivienda pero, ¿Qué necesito para hacerlo? ¿Cuánto dinero necesito aportar? ¿Qué impuestos tendré que pagar? ¿Cómo puedo asegurarme de que lo que voy a comprar no tenga cargas, vicios ocultos, gravámenes….? ¿Qué tal serán los vecinos, o el barrio? ¿Está el edificio en óptimas condiciones? ¿Tendré que hacer frente a derramas? ¿Qué documentación necesito? ¿A qué condiciones hipotecarias puedo optar, y cuales son las mejores para mí? ¿Puedo negociar los precios? ¿En qué estado se encuentra la estructura de la vivienda, electricidad, fontanería, etc? ¿Qué es mejor, comprar un piso reformado o a reformar? ¿Cuánto me costará la reforma? ¿Cómo elegir bien al reformista? Y en el caso de que esté reformado, ¿Cómo se que las calidades de la reforma son buenas? ¿Qué problemas puedo encontrarme en el proceso de compra y cómo puedo asegurarme de que podré superarlos sin perjuicios? ¿Estaré comprando en buen precio?»
Estas son solo algunas de las preguntas que nos hacemos cuando empezamos a plantearnos comprar una vivienda. Porque si me equivoco comprando unos pantalones, o una funda para el móvil, la solución al problema no es muy difícil. Pero si me equivoco comprando un inmueble, ya sea un local para abrir mi negocio o una vivienda para mi familia y para mí, el problema se hace demasiado grande para encontrar una solución sencilla.
Es por ello que en países como Francia o Estados Unidos, el modelo inmobiliario es algo distinto, y se centran sobre todo en el comprador, en ayudarle a comprar dando respuesta a todas las preguntas que puedan surgir y aportando soluciones a los problemas que aparezcan. Hace unos años, algunos profesionales del sector inmobiliario empezaron a adoptar este modelo de trabajo en España, implementando la figura del Personal Shopper, un agente inmobiliario que contrato para garantizar mi proceso de compraventa, asegurándome de que voy a pagar un precio justo por mi inmueble, de que voy a comprar sin cargas, que le dedique el tiempo que yo no tengo a comparar entre varios inmuebles a la venta, a tomar las mejores decisiones, estudiar el barrio y la zona, asesorarme fiscal y financieramente, presentarme las mejores opciones de reforma, etc.
Generalmente, muchos compradores asocian el concepto de Personal Shopper a un servicio de elevado coste, del que muchos prefieren prescindir. Pensamos que es algo que solo se pueden permitir los compradores de un alto nivel adquisitivo. Pues bien, una de las razones que me impulsaron a trabajar por mi cuenta y no a través de una agencia inmobiliaria, fue la idea de poder dar este servicio a todo aquel que lo necesite, sea cual sea su capacidad adquisitiva. De echo, aquellos compradores que necesitan de un préstamo hipotecario para poder adquirir su vivienda, generalmente necesitan más asesoramiento que los que pueden comprar sin hipoteca. Si estás pensando en comprar tu primera vivienda, o buscas invertir en inmueble, no dudes en consultar a tu Personal Shopper de confianza. Porque comprar unos pantalones es relativamente sencillo, pero adquirir un inmueble está lleno de dudas, aspectos a tener en cuenta, problemas imprevistos que pueden surgir…
No asumas riesgos innecesarios, ahorra tiempo y dinero, y ponte en manos de un gran profesional inmobiliario. Llámame o escríbeme sin compromiso y estudiamos juntos tu situación, comprar sin sufrir es posible!

